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miércoles, 18 de noviembre de 2009

Lamentaciones


Arriba, Rufina enmedio de sus dos hijas Martita y Fidelia.

(publicado en el Diario Colatino el 17-11-09)
Por Oscar Doñas*

Entre las actividades llevadas a cabo en conmemoración del vigésimo aniversario del martirio de los Padres Jesuitas y sus dos empleadas, se realizó un concierto bajo la dirección del compositor salvadoreño Carlos Colón Quintana, con la participación del Coro de la Ópera de El Salvador acompañado por una Orquesta de Cámara. Antes de comenzar, el director explicó que sólo habían dos violoncelos porque al trasladarse de su casa a la presentación le habían robado el instrumento al tercer violoncelista.

El programa fue presidido por unas palabras que quedarán resonando por mucho tiempo: “Ningún límite histórico cierra el futuro esperanzado del seguidor de Jesús.” Ignacio Ellacuría.

Algunos artistas invitados iniciaron el concierto. Walter Quevedo, guitarrista, interpretó la Catedral de Mangoré. Invitamos nuevamente a Walter a grabar las obras para guitarra, que son muchas, de los compositores salvadoreños.

Hay otros guitarristas salvadoreños que podrían integrarse a la actividad. Por cierto, Walter toca cada vez mejor la guitarra. Adelante. La soprano Conny de Merino cantó dos obras acompañada por la orquesta con el apoyo de Joe Doetsch al piano. Joe es el director de la Ópera del El Salvador.

Y llegó la presentación de las Lamentaciones de Rufina Amaya, del compositor Carlos Colón, con textos litúrgicos y un poema de Nora Méndez, quien estaba presente. También estaba presente una hija de Rufina Amaya. La señora Rufina Amaya fue la única sobreviviente de la masacre de El Mozote en 1980. Tenía 39 años cuando el ejército salvadoreño masacró a todos sus familiares y conocidos. Ella se escondió muy cerca y oyó que sus hijas la llamaban con desesperación: Mamá, mamá, nos están matan…

Es muy difícil escuchar las Lamentaciones teniendo presentes esos recuerdos. Nora Méndez dice en una parte de su poema: “Ay mamá Rufina/los soldados vienen ya/con sus cuchillos y rostros macabros./ Ay mamá, ¿por dónde andás?/llamas rojas en cuartos cerrados/las paredes de Dios todo ven." Sí, fue muy difícil escuchar el coro cantando ese poema, como también fue muy difícil, en ese contexto, escuchar el canto del Dies Irae (Día de ira).

Una estrofa dice así: Cuánto terror habrá en el futuro/cuando el juez haya de venir/a juzgar todo estrictamente!

Tal vez el mayor mérito que tiene esta obra de Carlos Colón Quintana sea recordarnos, a casi treinta años de sucedido, (como el martirio de Monseñor Romero), ese horrible suceso que no debe repetirse. Es una lección para todos los artistas salvadoreños que deben hacer sus obras al servicio de su propia sociedad.

Un addendum, por Nora Méndez:
A modo de corolario de esta nota y del concierto del pasado 6 de noviembre puedo repetir las acertadas palabras del Maestro Manuel Carcache: "No es lo mismo escucharla que presenciarla, no es una obra para escucharse en un CD o por la radio, es para escucharla y vivirla en comunión". El concierto reunió a varios artistas y talentos nacionales, entre ellos los excelentes técnicos de sonido de la UCA y las manos de Walter Quevedo. El texto que escribí, es un poema para la música que me enviara Carlos Colón. Esa idea me había sido sugerida por Walter Quevedo años atrás, el de poner poemas a la música, eso fue lo que intenté hacer en esta ocasión y hasta tuve la osadía de enviársela cantada al Maestro Colón, quien amablemente me respondió que mi voz alta le gustaba mucho. Leyendo esta nota de Oscar Doñas, creo que nuestros atrevimientos valieron la pena. Esa noche Rufina estuvo presente ante cientos de personas que aplaudieron su historia y a su hija mayor, Fidelia, que como la madre no deja de contar aquello que vivieron juntas y separadas, la interminable lucha por la vida, desde el sufrimiento de la pobreza y la violencia.

1 comentario:

Eugenia dijo...

Maestro gracias x compartir esta nota. Tratare de jalarla para mi perfil de FB